El OTRO YO (microrrelato)

Como introducción para mi siguiente post, hoy les traigo un microrrelato de Mario Benedetti.

El Otro Yo, aquella voz interior a la que llamamos alma, conciencia, locura, razonamiento, nuestro demonio, etc. Algunos somos enemigos de esa voz, de esa faceta, y otros, aunque a veces luchamos contra él o ella, aprendemos a convivir.

Las preguntas en torno a esa voz han sido muchas y nunca han cesado. Por este motivo, en mis siguientes posts publicaré la controversia en torno a esta pregunta y la teoría ética de Lévinas.

Mientras tanto, los dejo con este breve relato como conexión entre la Literatura y la Filosofía.

Nota: el microrrelato fue extraído de www.escribirte.com

En caso de querer descargarlo o leerlo en otro formato, puedes acceder al mismo a través de la biblioteca virtual.

El Otro yo

Mario Benedetti

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Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.

El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.

Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el proposito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas . Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: “Pobre Armando.Y pensar que parecía tan fuerte y saludable”.

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

Comenta qué te ha parecido el relato y nos vemos en mi siguiente post.

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