AMOR, UN BÁLSAMO PARA TUS HERIDAS

<<Aprendemos a amar, no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta>> SAM KEEN

Una de las cuestiones de la vida, si es que puedo llamarlo así, que siempre me ha interesado es entender lo que nosotros llamamos “amor”. Sí, es un tema bastante cliché que el arte no ha dejado de explotar desde tiempos inmemoriales, pero creo que todos estamos de acuerdo al decir que alguna vez lo hemos experimentado o al menos cuestionado.

Mi fuente de incentivo para este post fue una publicación que leí ayer por parte otro colega bloggero, donde dejé un comentario bastante extenso, por cierto 🙂

El amor es algo bastante subjetivo que rara vez podremos definirlo con una estructura formal. Muchos estarán en contra y otros no, sobre lo que pienses al respecto. Esto no solo se trata de la diversidad de opiniones sino también de la capacidad de objetivar nuestro análisis. Muchas veces nos olvidamos de nuestros sentimientos pasados. Tenemos un amigo perdido, y lo vemos como algún traidor o alguien inentendible, olvidando y trastocando los buenos momentos que habíamos tenido con él o ella. En el amor sucede lo mismo. Personas que en estos momentos están muy enamorados y disfrutando de ello tienden a mirar todo con demasiado optimismo y si ven una comedia romántica, ni hablar… Pero, si colocamos en la misma situación a alguien que vive o vivió desamor, probablemente rechace todo lo concerniente a ello, inclusive si alguna vez pudieron vivir algún amor verdadero y correspondido.

En definitiva, trataré de ser lo más objetiva posible exponiendo mis puntos de vista. Pero también se debe tener en cuenta que el amor se ha vuelto algo comercial que los medios nos venden. No es lo mismo para todos. Esta visión cambiará a medida que sigas envejeciendo, a medida que conozcas otras culturas, si es que lo haces,  mientras conozcas historias de gente real e imaginaria (libros, películas…) y a medida que lo vayas conociendo por ti mismo.

Existen varios tipos de amor. Pero en el que quiero centrarme hoy es entre dos personas de igual o  distinto género. El cariño entre pareja. Siempre que pensamos en esto atribuimos la diferencia al derecho de roce e intimidad. Pero, en mi opinión, es más fuerte que ello. No es solo el derecho y la necesidad de tener relaciones sexuales, sino que va más allá de esa necesidad.

Siempre me he preguntado si existía realmente algo más grande que aquel instinto biológico. De lo contrario ¿por qué no podríamos aceptar a cualquiera que se enamorara de nosotros? o ¿por qué nos fijamos más en algunos que en otros?

En este tema entran dos categorías : la cultura y el instinto. Naturalmente somos mamíferos que necesitamos reproducirnos, y tendemos a buscar a especímenes más fuertes y fértiles. La preferencia se trata de pura genética y compatibilidad. Este es un tema mucho más complejo, claro está, pero entonces aquí viene la pregunta del millón ¿Por qué existen personas, y sobre todo mujeres, capaces de enamorarse de personas discapacitadas? o ¿Por qué existe la homosexualidad?

Estas preguntas no esconden ningún matiz de discriminación, sino que están hechas sin ningún tipo de animosidad. Porque, hablando profesionalmente, sabemos que nada de ello respondería a las leyes de la naturaleza, al menos como las conocemos hoy en día. Una persona discapacitada con hijos correría el riesgo de transmitirles sus trastornos cromosómicos, si es que cuentan con enfermedades hereditarias. Dos personas de un mismo sexo, naturalmente, no pueden reproducirse. Entonces, si no existe el amor, y todo no es más que un producto de la atracción sexual en relación con el éxito reproductivo ¿Cómo explicar estos casos?

Probablemente existan teorías científicas al respecto. Se piensa, por ejemplo, según algunos estudios, que la gente homosexual desarrolla sus inclinaciones sexuales desde el nacimiento a raíz de ciertos cambios neuronales. Pero en realidad, es algo que se lo ha asociado más con la psicología, ya que quienes nos atraiga suele compararse con la figura masculina o femenina que haya estado a lo largo de nuestras vidas, usualmente el padre, la madre, o los hermanos.

Sin embargo, el concepto del amor responde a una cuestión sin respuesta, como ¿Existe un comienzo y un fin? ¿Existe algo superior a nosotros? En este caso ¿Existe el alma? Aquel concepto con el que siempre buscamos explicar las maravillas que somos capaces de crear. Pues sabemos que el humano necesita ser educado, civilizado, instruido en la vida para empezar a crear, como decía Freud, el “Súper yo”, aquel ser de nuestra conciencia, en perpetua batalla con lo que “queremos” y lo que “debemos”. La batalla entre lo natural y lo cultural.

¿Qué es lo que nos lleva a enamorarnos tan profundamente de otra persona? y ¿Por qué existen aquellos que se enamoran durante toda su vida un sólo hombre o una sola mujer, mientras otras personas optan por el turismo emocional?

Mi teoría es que estas decisiones se basan en la inteligencia emocional. Las personas románticas tienden a idealizar a su enamorado. Se enamoran más de lo que ellos ven, que de quienes realmente son, pero la cuestión también es ¿cómo sabemos quien es una persona verdaderamente cuando la realidad no existe y solo es una visión de nuestra percepción, inclusive sabiendo que ni ellos mismos saben quiénes son? En estos casos suele resultar conveniente las opiniones de otras personas, pues muchos amores enfermizos terminaron en situaciones peores porque no escuchaban la opinión de otras personas que por ejemplo les decían a la mujer “Me parece un hombre un tanto violento. Se vuelve loco cuando hablas con otro hombre o se aferra a tu brazo de manera muy posesiva” a lo que suelen responder con un “Él es así o lo aparenta. Pero en realidad es muy dulce, solo tienes que conocerlo” (sonrisa incómoda). Escenas como estas se dan por igual, tanto en hombres como en mujeres. Pero, fuera de todo concepto machista, la mujer es más romántica, la mayoría de las veces. Y esto sucede porque somos más sensibles dado nuestros constantes cambios hormonales y el hecho de que producimos más estrógeno que testosterona. Pero existen hombres que también son más sensibles, son quienes, científicamente hablando, suelen producir más estrógeno, y por ende, probablemente no luzcan tan viriles en apariencia. Aquí es donde viene el dilema: éxito reproductivo + estándares sociales+ romanticismo= X

Buscamos personas hermosas por dentro y por fuera, pero inclusive dejamos que el estereotipo se inserte en esta selección, anhelando la belleza artificial y falsa. Biológicamente hablando,  una mujer normal, con excepciones, no tiene piernas con forma de palitos, caderas súper angostas, abdominales absolutamente chatos… Y un hombre tampoco tiene un cuerpo de top model, lampiño, acompañado por un rostro cincelado de piel suave y tersa, como si fuera una mujer. ¿A quién no le ha sucedido que luego de la primera impresión, esa persona que parecía tan bella se convierte en alguien común y corriente luego de que empiecen a hablar?

La sociedad tiende a pensar que solo la apariencia es algo superficial. Craso error. Juzgar por los gustos, por la inteligencia, por la ropa, también son rasgos absolutamente superficiales. No olvidemos que el instinto de conservación reproductivo también busca la inteligencia, por eso es un rasgo que seduce tanto. Pero aquí es donde interviene otra vez un factor social ¿Son las mujeres quienes más buscan la inteligencia o los hombres?

El machismo coloca como principio que las mujeres carecen de inteligencia, o al menos de una más elevada a los hombres. El sexo masculino, tendía a buscar a la mujer ignorante, a hacerla incluso ignorante, para controlarla mejor, y crear el modelo sumiso y manso. Una mujer locuaz y sagaz, era lo suficientemente espiritual, si sabía cómo ocultar esa sagacidad, según los principios clericales del siglo XIX.

Pero, estamos en el siglo XXI, la inteligencia se busca por ambas partes, y éste también es un rasgo superficial. Una persona brillante no necesariamente debe ser amable y generosa. Inclusive, la inteligencia se suele asociar con la psicopatía, sobre todo en hombres. La psicopatía es un rasgo psicológico que todos poseemos, en algunas personas es pasivo y en otras no. Son estas últimas quienes más éxito administrativo tienen, y que en algunos casos se trata de asesinos, y demás. Pero no siempre éste es el caso, de hecho Kevin Dutton, un profesor de la Universidad de Oxford, y  Andy McNab, militar novelista, escribieron un libro al respecto, titulado ““The Good Psychopath’s Guide to Success”, traduciendo: “El Manual del Buen Psicópata para Triunfar“.

Volvemos, entonces, al punto de partida: inteligencia emocional. Existen psicópatas, con inteligencia emocional, y de hecho son los más raros, cuyos casos son muy complejos de resolver, pues se trata de personas capaces de controlar su psicopatía; deciden cuándo sentir empatía y cuando no. Un dominio mental de inestimable valor, sin duda alguna, ya que serviría para la profesionalidad en el trabajo. Pero, al parecer, vivimos en un mundo, donde se “vive mejor” si se aprende a saber cuándo conectar y cuándo no con otros.

El amor es complicado porque siempre habrá algo que se interponga y nos deje desorbitados, preguntándonos a nosotros mismos ¿qué fue lo que pasó? Tenemos miedo, miedo a que nos hieran, nos abandonen, nos engañen, o nos descubran por quienes somos. Cuando, enamorarse se trata de ello, de aprender a descubrir al otro de a poco, y aceptarlo sin olvidarnos de nosotros mismos. Se teme a la felicidad porque con ello viene la tristeza y el miedo al sufrimiento, que de por sí constituye un sufrimiento por sí mismo.

Otras veces, nos encontramos en una guerra entre nuestro arte, que nos llama a amar, y conocer una libertad que ni siquiera sabemos si existe, y un mundo capitalista. El trabajo separa a las personas a través de vastas tierras, océanos, fronteras… No importa que exista la globalización, somos seres muy arraigados al tacto y la vista, y por eso necesitamos expresarnos siempre. Por eso existe el arte de la expresión. Querer tocar a alguien también es un arte. Personas que se aman verdaderamente, comparten su propio lenguaje y crean su propio mundo. Pero a veces se convierten en seres incapaces de separarse y conocer el universo. En esos casos, la psicología habla de limerencia, pero la literatura habla de amor. Sufrirás de todas maneras, al menos hazlo sabiendo que amaste a esa persona y compartiste la locura del frenesí.

El tiempo se interpone, el dinero se interpone, el miedo y la madurez se interpone. No existe la manera correcta de amar, ni amarse. Quien seas por dentro, será algo que confundirás con el tiempo, no importa la edad que tengas.

Quienes te rodeen, quien seas, lo que esperes y lo que tengas, determinará tu visión del amor. Y son las pasiones las que compiten con el destino, si es que existe.

Imagen, créditos: www.m1.paperblog.com

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