PROFESORES: esa mítica clase de seres particulares.

 

Sí, así es… Profesores…. La “mítica” clase de seres particulares que todos quienes hayan tenido el privilegio de recibir algo de educación han conocido alguna vez.

Y sí, ser profesor/a no es fácil. Imaginen, tener que prepararse todas sus vidas para vivir encerrados en un aula abarrotada de seres humanos de todo tipo cual selva superficial.

Pero claro, como siempre, quienes más sufren en este tipo de situaciones son las benditas excepciones. Buenos alumnos, buenos profesores, alumnos dedicados, profesores apasionados….

Hace poco pensaba en hablar sobre mis puntos a favor y en contra del actual sistema educativo. Pero en su lugar decidí evocarme por un sub-tópico con un tono más humorístico, y qué mejor tema que los profesores para ello.

Primero debo aclarar que incluiré algunas experiencias personales para añadir el toque personal de humor. No pretendo criticar nefastamente a nadie, y menos a los profesores cuya labor en realidad, considero que debería respetarse más. Pero bueno, a la hora de culpar a alguien no se puede contra uno solo ¿verdad?

¡Así que empecemos!

Hay todo tipo de profesores, desde los más angelicales a los más demoniacos. Si tuviera que hacer un top 5 de los angelitos y los demonitos sería algo así.

Top 5: profesores angelitos.

5- El justo:

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Sí, éste es una especie exótica en peligro de extinción. Claro está que hablar y calificar algo como justo es más complicado de lo que parece. Pero estos profesores suelen ser aquellos que realmente saben sobre la asignatura, pero que fundamentalmente intentan apreciar el esfuerzo de sus alumnos, apremiar y brindar la ayuda merecida a quienes se dedican a ello. Personalmente, siempre me molestaban esos profesores que perdían clases enteras tratando de “ayudar” o educar alumnos mequetrefes que se la pasaban todo el día molestando y estorbando a otros que sí querían tomar apuntes y demás. Me parecía y sigue pareciéndome un despropósito. Considero mejor un alumno durmiendo que otro gritando y haciendo ruido en el fondo de un aula.

4-El neutro:

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Éste no te causa afabilidad ni temor o furia. En tan solo llana y simplemente un profesor que se dedica a impartir sus clases y no hace comentario alguna sobre su vida personal o preguntas impertinentes que interrumpan la clase. De hecho, son tan cerrados que hasta le hacen a alguno preguntarse si tienen una vida fuera de la institución. Por lo menos, se apegan a las clases y no parecen poner empeño en ciertas personas o saña hacia nadie en particular. La clase de profesores que cuando oyes a alguien deseándole la muerte sabes que probablemente sea porque esa persona haya sido desaprobada y con pocos beneficiosos de duda en su favor. Claro, que las excepciones siempre existen.

3- El tesoro de oportunidades: 

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Aquel profesor que en un principio parece ser una pesadilla inminente y que durante las primeras clases que lo conoces te da muy mala espina y piensas que querrá matarte con sus exámenes, pero una vez que ya hayas pasado el primer cuatrimestre con éxito comienzan a mirarte de una manera distinta. Claro que este espécimen es más bien beneficioso para quienes son buenos alumnos porque, de lo contrario, no resulta del todo agradable, aunque, claro, no tocan el extremo sádico o dejarían de ser angelitos.

Esta clase de profesores son, literalmente un tesoro de oportunidades. Se vuelven tus colegas una vez que ya haya pasado el tiempo e incluso comienzan a ofrecerte proyectos o conocidos que puedan darte alguna oportunidad de empleo o extra. Siempre preocupados de que te aburras y sientas que su clase no es más que eso: una clase.

2- El profesor padre/madre:

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Y no me refiero en el sentido literal o negativo de la palabra. Esta clase de profesores de ven más en las escuelas de inicio o primaria. Tienden a preocuparse tanto por algunos alumnos que parecen madres o padres en el buen sentido. Claro está que exceden sus deberes como docentes y cumplen dos roles distintos, pero tal vez sean personas que o bien ven un hijo en su alumno, o bien le recuerdan a alguno que ya tengan o hayan tenido. Esta clase de docente, sin embargo, es quien te aporta un gran apoyo emocional y se quedan en tus recuerdos por siempre. Dejan de ser simples profesores o maestros.

Es cierto que es discutible si este papel asumido es adecuado para un buen desarrollo en el sentido educativo pero tampoco podemos afirmar que son malos docentes y deberían ser despedidos o algo por el estilo. Es cierto que es un caso que no todos han vivido y también depende de la edad. Si son jóvenes podemos verlos como hermanos o amigos nada más. Una de las principales dificultades es que luego estudiar para su asignatura se vuelve un poco estresante ya que sientes la presión de hacerlo bien o no le estás “devolviendo” o demostrando tu agradecimiento. Bueno, al menos es lo que yo sentía en los casos que viví.

1-    El apasionado:

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Esta clase de profesor es única y exótico también. Suelen ser jóvenes idealistas que olvidan que no todos comparten su misma pasión pero que si tienes la suerte de encontrarlos en una asignatura que realmente amas, sentirás que has encontrado a un alma gemela y amarás más el programa de lo que ya lo hacías anteriormente.

Sin embargo, esta categoría suele morir con el paso del tiempo cuando se dan cuenta que sus sueños son demasiado románticos. Tal como lo indica, suelen impartir clases de arte. Eso no significa que profesores apasionados de ciencias exactas o duras no los haya. Pero, personalmente, no he encontrado a ninguno tan extraordinario como para ser digno de mención.

Los profesores apasionados pueden convertirse, sin embargo, al envejecer en tóxicos. Esa pasión tan grande puede derivar en frustración. La clase de personas en la que puedes ver su viejo espíritu de joven en sus ojos cuando se dejan llevar al hablar de algún tema en particular. Una vez que la burbuja explota el cambio de expresión en sus rostros no tiene precio. Miran a toda la clase como si fueran abominaciones salidas del lado más oscuro metafórico de lo que sea que enseñen y prorrumpen en quejas de viejo o vieja senil de odio hacia la humanidad. Lo cual, para alguien que sí haya compartido la misma pasión durante esos escasos y breves segundo de ojitos lacrimosos, hace que se sienta como la explosión de tu propia burbuja y la muerte de todo tu idealismo soñador. En resumen, una vergüenza desmoralizante.

Los apasionados shakesperianos pueden hacer que sus clases permanezcan en tu mente más que el tiempo que les dedicas frente al pizarrón. Hacen que quieras saber más y que todos los deberes que puedan darte parezcan una broma porque por más tedioso que pueda resultar, ellos te hacen sentir que realmente vale la pena aprender. Y no te dicen que es un deber, te hacen verlo como un sueño que te llevará a otros más grandes. Como una verdadera oportunidad, y no un infierno o castigo. Y solo he conocido a una profesora con semejante capacidad. Ella impartía Literatura y Filosofía del Lenguaje. Fui su alumna durante su primer año, así que claro, profesora novata. Tristemente, noté el cambio a lo largo de los cuatrimestres. Y desearía que esa hermosa chispa de dedicación no muriera nunca en personas como ella. Esos profesores son dignos de mención.

 

Y ahora, claro que sí, el top 5 de profesores demonitos, eso de los que siempre nos hemos echado alguna que otra carcajada.

5- Profesor acosa-preguntas:

 

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Sí, éste es el típico que le encanta hacer preguntas a la clase y no enseñar nada. Se la pasa preguntando y acosando especialmente a los que más saben como si fuera un concurso de preguntas. Entran a sus clases como si se hubieran tomados 5 latas de energizante y se mueven como locos haciendo preguntas de un lado para el otro y sin dejarte pensar la respuesta. En caso de que respondas mal, olvídalo, estás en el infierno. Te responden con un sonoro y violento “¡Mal!” arrastrando las “a” y aprovechando la situación para darte la respuesta correcta con fanfarronería.

También les encanta hacer preguntas de cursos avanzados y decir cosas como “¡Ah! No lo sabía ¿No? ¡Yo sí jajaja!”. También hacen chistes muy, muy malos hasta el punto que la cortesía tácita del alumnado se va a no sabes dónde y todos se miran con torpeza o burla esperando que el lunático se decida a dejar de intentar parecer cool o algo.

Lo peor de estos profesores es que se nota que no saben nada y por inseguridad necesitan humillar a un curso entero porque cuando les haces preguntas a ellos no saben responderte. De seguro que se arman un lista de “Preguntas para cagar al curso” durante las noches mientras se ríen imaginando sus futuras víctimas. Si encima eres alguien que sabe significarás un reto para ellos y te declararán la guerra cada vez que “den” clases.

4- El vago:

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Este suele ser muy querido por la mayoría si se trata de un curso igual de vago. Es el típico profesor frustrado que no ama su carrera y considera una humillación monumental tener que dedicarse a “tan bajo empleo”, es decir que ni ellos mismo se respetan.

Todas las clases se dedican a programar exámenes o trabajos pero nunca, nunca explican. Se sientan durante toda la hora que tienen que estar a corregir viejos exámenes y proyectos, o de otros grados que tengan. Y si alguna vez se dignan a levantar su trasero del asiento para explicar lo hacen con un tono monocorde y sin mirar a nadie. Es decir, los alumnos pueden estar matándose entre sí e incluso tirándose Molotov y ellos siguen allí parados hablando por fuerza de inercia y graciosamente ningún proyectil les cae encima, y si lo hace siguen hablando como si nada.

El problema es que si eres alguien que intenta escucharlo pareces un idiota tratando de hacerlo en medio de tanto ruido y sopor. Incluso si lo logras puedes darte cuenta que o bien el tipo está ido o el estrés le ganó porque puede llegar a decir cualquier cosa y no le importa.

Un caso grave sería que esta clase de sin vergüenzas, porque lo son, ya que les están pagando y lo único que hacen es sentarse y encargarte a ti todo el trabajo, es que luego tomen exámenes donde no haya nada que él haya mencionado (si es que alguna vez lo hizo) o que haya estado en el precario temario que decidió informarte. Es decir, con estos profesores trabajarás como esclavo mientras ellos se rascan y se lamentan de sus vidas durante sus horas de clases. Bueno, cuidado, tampoco significa que todos son muy dedicados a la hora de mirar tu trabajo. Algunos son tan vagos que lo hojearán y te pondrán un 10 o un 100 o una A, dependiendo del sistema, y tú podrías tranquilamente haber escrito sobre la historia medieval cuando era un trabajo del Realismo.  Y sí, me ha pasado.

  1. El amargado frustrado hasta del aire que respira:
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Estos suelen ser los más deprimentes. Sus clases hacen que el cielo se torne gris y hasta duela respirar. Un verdadero dolor en el trasero.

Se la pasan quejándose de no haber conseguido su deseado título o doctorado o trabajo en algo y te culpan de ello cuando tal vez ni siquiera existías. Pueden tener arrebatos de pasión que demuestran cuán ambiciosos fueron y luego lo arremeten con alguna dramática frase que te hará odiarte a ti mismo por ser simplemente su desafortunado alumno, o incluso por haber nacido o por ser joven. Sí, critican todo y a todos. Y lo peor, someten a sus alumnos a maltrato psicológico haciéndoles pensar que si se dignan a soñar son igual de “idiotas” como él o ella lo fueron y que vivirán el resto de sus vidas lamentándose por ellos. Que “madurar” implica despotricar hasta lo inorgánico y darse cuenta que soñar es de ilusos. Sí. Esta clase de profesores claramente son una gran inspiración y auguran una buena preparación para el futuro.

2-    El oportunista:

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Como en su mayoría, estos tops suelen beneficiar o perjudicar mucho a los alumnos extremo, los muy buenos y los muy malos.

Los oportunistas son perezosos que a la mínima oportunidad faltan y siempre, siempre tienen un amigo que los pueda reemplazar. Suelen usar mucho el proyector para no tener que hablar o explicar y, lo peor de todo, explotan a sus mejores alumnos. Les piden a ellos que organicen clases de temas dispuestos en el programa que le den. Los nombran tutores de los peores alumnos para que les enseñen, añadiéndote la presión extra de que si ese chico/a no aprueba es tu culpa. Te piden contantemente que expliques tú cuando alguien hace alguna pregunta o que tú vayas y escribas en el pizarrón, y hasta pueden hacerte corregir sus exámenes.

1-    El sádico narcisista y soberbio supremo:

 

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Estos son un mega combo nivel Inferno. Creen que siempre tienen la razón simplemente porque son ellos quienes lo dicen. Se pasan clases enteras alardeando de sus títulos y logros y hablando como si ellos fueran de una clase superior y sus alumnos sus adeptos estúpidos.

Explican como si el conocimiento que poseen es único y no se pudiera obtener de ninguna otra fuente. Se esfuerzan por desaprobarte y hacerte la trayectoria del curso un verdadero infierno. Son muy observadores e inteligentes. Tienen la clásica mirada calculadora que te hace pensar que en fondo son psicópatas perfectos al estilo Dexter. Son muy meticulosos y pulcros, por no añadir perfeccionistas. Siempre están vestidos como el estereotipo del profesor de instituto elite.

Humillan a aquellos quienes aparentan mayor debilidad y se caracterizan por una profunda insensibilidad. Lo peor es cuando fingen ser tus amigos para luego joderte. Durante sus clases se la pasan haciendo chistes muy malos y contando 700 millones de historias muy malas al punto que no sabes si se lo están inventando o no. Y cuando llega el examen, que por cierto son millones en una hora, te asesina con preguntas cuyo contenido jamás advirtió. Olvídate de quejas y reclamos porque es como tirarse a una jauría de lobos.

¿Lo peor de todo? Fingen ser muy encantadores y son muy magnéticos: auténticos psicópatas. Y ¿lo peor de lo peor?… Todos caen bajo su hechizo hasta que van “muriéndose” uno a uno. Y sin embargo, cuando ya son las finales como los Juegos del Hambre, los tontos que le tengan mucho miedo seguirán fingiendo reírse y sentir encanto por él. E incluso habrá aquellos que son tan inocentes que ni siquiera entenderán cuando él haga chistes donde lo estarán criticando indirectamente.

Si eres inteligente y bueno en su asignatura, no quedarás atrás. Te verá como competencia, como infantil que es, y procederá a pasos lentos y precavidos. Sí, se lo toman todo como un juego del gato y el ratón, cuando no es más que una puñetera asignatura que ruegas a Dios sacarte ya de encima. Porque incluso terminarás odiando lo que sea que enseñe.

 

Bueno, esos han sido los 5 peores y los 5 mejores profesores que hay, en mi opinión. Claro que me he quedado corta y hay mucho más por decir. Me ha resultado más sencillo pensar en los peores que en los mejores.

No olvidemos que ninguno tiene un papel sencillo. Ser profesor es difícil a su manera. Son personas que estudiaron mucho para llegar donde están y no porque hayan sido injustos merecen que les respondamos con violencia como en muchas escuelas o demás lugares sucede a diario.

También hay profesores abusadores que se aprovechan de su autoridad y que, principalmente, maltratan psicológicamente a sus alumnos y los desmoralizan haciéndoles pensar que porque no aprobaron un examen no llegarán a nada en la vida. Adoctrinándolos como si fueran soldados y matando toda creatividad posible o haciéndoles creer mentiras.

Ojalá hubieran más profesores que amen su trabajo y vean el enseñar como una buena labor y no un castigo. Así como también desearía que su trabajo fuera más respetado y bien visto. Ojalá no se los viera siempre como los demonios o vigilantes de una cárcel y más como un verdadero instructor que pretende darnos las herramientas necesarias para explorar el mundo y no reglas sobre un mundo inventado y creado por las generaciones.

Esto va dirigido a todos aquellos buenos profesores que realmente dedicaron o dedican su vida a enseñar y todavía no han perdido la fe en la humanidad o la juventud. Y también para aquellos alumnos que dedican su vida a aprender y respetar esta labor.

Al fin y al cabo, nunca dejamos de ser alumnos. Todos los días se aprende y se enseña algo a alguien aunque no tengas un profesorado en ello.

Después no culpen a los niños o adolescentes o de cualquier edad cuando dicen que odian ir a la escuela cuando tienen que sentarse 8 horas o menos a escuchar a un amargado quejarse de su existencia. Y sí, como dije, no todos son así. Y me siento peor por ellos por tener que ver cómo la bondad significa carne de cañón para el abuso de aquellos que no saben cuán valioso es la capacidad de pensar.

Así que estudiantes y profesores malditos los habrá siempre, pero no dejemos de lado a aquellos que todavía aportan con un pedacito de esperanza y dedicación. Al fin y al cabo somos todos humanos. A veces aquellos profesores que parecen los más malditos son hombres y mujeres que sufren un montón puertas afuera, y sí, no les da ningún derecho a maltratar gente que no tiene nada que ver. Pero alumnos y docentes llorando y huyendo a sus casas he visto millones. Así que se mire por donde se mire, es una cuestión de fuerzas y equilibrio, cumplas el papel que cumplas.

 

 

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