PROFESORES: esa mítica clase de seres particulares.

 

Sí, así es… Profesores…. La “mítica” clase de seres particulares que todos quienes hayan tenido el privilegio de recibir algo de educación han conocido alguna vez.

Y sí, ser profesor/a no es fácil. Imaginen, tener que prepararse todas sus vidas para vivir encerrados en un aula abarrotada de seres humanos de todo tipo cual selva superficial.

Pero claro, como siempre, quienes más sufren en este tipo de situaciones son las benditas excepciones. Buenos alumnos, buenos profesores, alumnos dedicados, profesores apasionados….

Hace poco pensaba en hablar sobre mis puntos a favor y en contra del actual sistema educativo. Pero en su lugar decidí evocarme por un sub-tópico con un tono más humorístico, y qué mejor tema que los profesores para ello.

Primero debo aclarar que incluiré algunas experiencias personales para añadir el toque personal de humor. No pretendo criticar nefastamente a nadie, y menos a los profesores cuya labor en realidad, considero que debería respetarse más. Pero bueno, a la hora de culpar a alguien no se puede contra uno solo ¿verdad?

¡Así que empecemos!

Hay todo tipo de profesores, desde los más angelicales a los más demoniacos. Si tuviera que hacer un top 5 de los angelitos y los demonitos sería algo así.

Top 5: profesores angelitos.

5- El justo:

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Sí, éste es una especie exótica en peligro de extinción. Claro está que hablar y calificar algo como justo es más complicado de lo que parece. Pero estos profesores suelen ser aquellos que realmente saben sobre la asignatura, pero que fundamentalmente intentan apreciar el esfuerzo de sus alumnos, apremiar y brindar la ayuda merecida a quienes se dedican a ello. Personalmente, siempre me molestaban esos profesores que perdían clases enteras tratando de “ayudar” o educar alumnos mequetrefes que se la pasaban todo el día molestando y estorbando a otros que sí querían tomar apuntes y demás. Me parecía y sigue pareciéndome un despropósito. Considero mejor un alumno durmiendo que otro gritando y haciendo ruido en el fondo de un aula.

4-El neutro:

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Éste no te causa afabilidad ni temor o furia. En tan solo llana y simplemente un profesor que se dedica a impartir sus clases y no hace comentario alguna sobre su vida personal o preguntas impertinentes que interrumpan la clase. De hecho, son tan cerrados que hasta le hacen a alguno preguntarse si tienen una vida fuera de la institución. Por lo menos, se apegan a las clases y no parecen poner empeño en ciertas personas o saña hacia nadie en particular. La clase de profesores que cuando oyes a alguien deseándole la muerte sabes que probablemente sea porque esa persona haya sido desaprobada y con pocos beneficiosos de duda en su favor. Claro, que las excepciones siempre existen.

3- El tesoro de oportunidades: 

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Aquel profesor que en un principio parece ser una pesadilla inminente y que durante las primeras clases que lo conoces te da muy mala espina y piensas que querrá matarte con sus exámenes, pero una vez que ya hayas pasado el primer cuatrimestre con éxito comienzan a mirarte de una manera distinta. Claro que este espécimen es más bien beneficioso para quienes son buenos alumnos porque, de lo contrario, no resulta del todo agradable, aunque, claro, no tocan el extremo sádico o dejarían de ser angelitos.

Esta clase de profesores son, literalmente un tesoro de oportunidades. Se vuelven tus colegas una vez que ya haya pasado el tiempo e incluso comienzan a ofrecerte proyectos o conocidos que puedan darte alguna oportunidad de empleo o extra. Siempre preocupados de que te aburras y sientas que su clase no es más que eso: una clase.

2- El profesor padre/madre:

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Y no me refiero en el sentido literal o negativo de la palabra. Esta clase de profesores de ven más en las escuelas de inicio o primaria. Tienden a preocuparse tanto por algunos alumnos que parecen madres o padres en el buen sentido. Claro está que exceden sus deberes como docentes y cumplen dos roles distintos, pero tal vez sean personas que o bien ven un hijo en su alumno, o bien le recuerdan a alguno que ya tengan o hayan tenido. Esta clase de docente, sin embargo, es quien te aporta un gran apoyo emocional y se quedan en tus recuerdos por siempre. Dejan de ser simples profesores o maestros.

Es cierto que es discutible si este papel asumido es adecuado para un buen desarrollo en el sentido educativo pero tampoco podemos afirmar que son malos docentes y deberían ser despedidos o algo por el estilo. Es cierto que es un caso que no todos han vivido y también depende de la edad. Si son jóvenes podemos verlos como hermanos o amigos nada más. Una de las principales dificultades es que luego estudiar para su asignatura se vuelve un poco estresante ya que sientes la presión de hacerlo bien o no le estás “devolviendo” o demostrando tu agradecimiento. Bueno, al menos es lo que yo sentía en los casos que viví.

1-    El apasionado:

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Esta clase de profesor es única y exótico también. Suelen ser jóvenes idealistas que olvidan que no todos comparten su misma pasión pero que si tienes la suerte de encontrarlos en una asignatura que realmente amas, sentirás que has encontrado a un alma gemela y amarás más el programa de lo que ya lo hacías anteriormente.

Sin embargo, esta categoría suele morir con el paso del tiempo cuando se dan cuenta que sus sueños son demasiado románticos. Tal como lo indica, suelen impartir clases de arte. Eso no significa que profesores apasionados de ciencias exactas o duras no los haya. Pero, personalmente, no he encontrado a ninguno tan extraordinario como para ser digno de mención.

Los profesores apasionados pueden convertirse, sin embargo, al envejecer en tóxicos. Esa pasión tan grande puede derivar en frustración. La clase de personas en la que puedes ver su viejo espíritu de joven en sus ojos cuando se dejan llevar al hablar de algún tema en particular. Una vez que la burbuja explota el cambio de expresión en sus rostros no tiene precio. Miran a toda la clase como si fueran abominaciones salidas del lado más oscuro metafórico de lo que sea que enseñen y prorrumpen en quejas de viejo o vieja senil de odio hacia la humanidad. Lo cual, para alguien que sí haya compartido la misma pasión durante esos escasos y breves segundo de ojitos lacrimosos, hace que se sienta como la explosión de tu propia burbuja y la muerte de todo tu idealismo soñador. En resumen, una vergüenza desmoralizante.

Los apasionados shakesperianos pueden hacer que sus clases permanezcan en tu mente más que el tiempo que les dedicas frente al pizarrón. Hacen que quieras saber más y que todos los deberes que puedan darte parezcan una broma porque por más tedioso que pueda resultar, ellos te hacen sentir que realmente vale la pena aprender. Y no te dicen que es un deber, te hacen verlo como un sueño que te llevará a otros más grandes. Como una verdadera oportunidad, y no un infierno o castigo. Y solo he conocido a una profesora con semejante capacidad. Ella impartía Literatura y Filosofía del Lenguaje. Fui su alumna durante su primer año, así que claro, profesora novata. Tristemente, noté el cambio a lo largo de los cuatrimestres. Y desearía que esa hermosa chispa de dedicación no muriera nunca en personas como ella. Esos profesores son dignos de mención.

 

Y ahora, claro que sí, el top 5 de profesores demonitos, eso de los que siempre nos hemos echado alguna que otra carcajada.

5- Profesor acosa-preguntas:

 

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Sí, éste es el típico que le encanta hacer preguntas a la clase y no enseñar nada. Se la pasa preguntando y acosando especialmente a los que más saben como si fuera un concurso de preguntas. Entran a sus clases como si se hubieran tomados 5 latas de energizante y se mueven como locos haciendo preguntas de un lado para el otro y sin dejarte pensar la respuesta. En caso de que respondas mal, olvídalo, estás en el infierno. Te responden con un sonoro y violento “¡Mal!” arrastrando las “a” y aprovechando la situación para darte la respuesta correcta con fanfarronería.

También les encanta hacer preguntas de cursos avanzados y decir cosas como “¡Ah! No lo sabía ¿No? ¡Yo sí jajaja!”. También hacen chistes muy, muy malos hasta el punto que la cortesía tácita del alumnado se va a no sabes dónde y todos se miran con torpeza o burla esperando que el lunático se decida a dejar de intentar parecer cool o algo.

Lo peor de estos profesores es que se nota que no saben nada y por inseguridad necesitan humillar a un curso entero porque cuando les haces preguntas a ellos no saben responderte. De seguro que se arman un lista de “Preguntas para cagar al curso” durante las noches mientras se ríen imaginando sus futuras víctimas. Si encima eres alguien que sabe significarás un reto para ellos y te declararán la guerra cada vez que “den” clases.

4- El vago:

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Este suele ser muy querido por la mayoría si se trata de un curso igual de vago. Es el típico profesor frustrado que no ama su carrera y considera una humillación monumental tener que dedicarse a “tan bajo empleo”, es decir que ni ellos mismo se respetan.

Todas las clases se dedican a programar exámenes o trabajos pero nunca, nunca explican. Se sientan durante toda la hora que tienen que estar a corregir viejos exámenes y proyectos, o de otros grados que tengan. Y si alguna vez se dignan a levantar su trasero del asiento para explicar lo hacen con un tono monocorde y sin mirar a nadie. Es decir, los alumnos pueden estar matándose entre sí e incluso tirándose Molotov y ellos siguen allí parados hablando por fuerza de inercia y graciosamente ningún proyectil les cae encima, y si lo hace siguen hablando como si nada.

El problema es que si eres alguien que intenta escucharlo pareces un idiota tratando de hacerlo en medio de tanto ruido y sopor. Incluso si lo logras puedes darte cuenta que o bien el tipo está ido o el estrés le ganó porque puede llegar a decir cualquier cosa y no le importa.

Un caso grave sería que esta clase de sin vergüenzas, porque lo son, ya que les están pagando y lo único que hacen es sentarse y encargarte a ti todo el trabajo, es que luego tomen exámenes donde no haya nada que él haya mencionado (si es que alguna vez lo hizo) o que haya estado en el precario temario que decidió informarte. Es decir, con estos profesores trabajarás como esclavo mientras ellos se rascan y se lamentan de sus vidas durante sus horas de clases. Bueno, cuidado, tampoco significa que todos son muy dedicados a la hora de mirar tu trabajo. Algunos son tan vagos que lo hojearán y te pondrán un 10 o un 100 o una A, dependiendo del sistema, y tú podrías tranquilamente haber escrito sobre la historia medieval cuando era un trabajo del Realismo.  Y sí, me ha pasado.

  1. El amargado frustrado hasta del aire que respira:
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Estos suelen ser los más deprimentes. Sus clases hacen que el cielo se torne gris y hasta duela respirar. Un verdadero dolor en el trasero.

Se la pasan quejándose de no haber conseguido su deseado título o doctorado o trabajo en algo y te culpan de ello cuando tal vez ni siquiera existías. Pueden tener arrebatos de pasión que demuestran cuán ambiciosos fueron y luego lo arremeten con alguna dramática frase que te hará odiarte a ti mismo por ser simplemente su desafortunado alumno, o incluso por haber nacido o por ser joven. Sí, critican todo y a todos. Y lo peor, someten a sus alumnos a maltrato psicológico haciéndoles pensar que si se dignan a soñar son igual de “idiotas” como él o ella lo fueron y que vivirán el resto de sus vidas lamentándose por ellos. Que “madurar” implica despotricar hasta lo inorgánico y darse cuenta que soñar es de ilusos. Sí. Esta clase de profesores claramente son una gran inspiración y auguran una buena preparación para el futuro.

2-    El oportunista:

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Como en su mayoría, estos tops suelen beneficiar o perjudicar mucho a los alumnos extremo, los muy buenos y los muy malos.

Los oportunistas son perezosos que a la mínima oportunidad faltan y siempre, siempre tienen un amigo que los pueda reemplazar. Suelen usar mucho el proyector para no tener que hablar o explicar y, lo peor de todo, explotan a sus mejores alumnos. Les piden a ellos que organicen clases de temas dispuestos en el programa que le den. Los nombran tutores de los peores alumnos para que les enseñen, añadiéndote la presión extra de que si ese chico/a no aprueba es tu culpa. Te piden contantemente que expliques tú cuando alguien hace alguna pregunta o que tú vayas y escribas en el pizarrón, y hasta pueden hacerte corregir sus exámenes.

1-    El sádico narcisista y soberbio supremo:

 

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Estos son un mega combo nivel Inferno. Creen que siempre tienen la razón simplemente porque son ellos quienes lo dicen. Se pasan clases enteras alardeando de sus títulos y logros y hablando como si ellos fueran de una clase superior y sus alumnos sus adeptos estúpidos.

Explican como si el conocimiento que poseen es único y no se pudiera obtener de ninguna otra fuente. Se esfuerzan por desaprobarte y hacerte la trayectoria del curso un verdadero infierno. Son muy observadores e inteligentes. Tienen la clásica mirada calculadora que te hace pensar que en fondo son psicópatas perfectos al estilo Dexter. Son muy meticulosos y pulcros, por no añadir perfeccionistas. Siempre están vestidos como el estereotipo del profesor de instituto elite.

Humillan a aquellos quienes aparentan mayor debilidad y se caracterizan por una profunda insensibilidad. Lo peor es cuando fingen ser tus amigos para luego joderte. Durante sus clases se la pasan haciendo chistes muy malos y contando 700 millones de historias muy malas al punto que no sabes si se lo están inventando o no. Y cuando llega el examen, que por cierto son millones en una hora, te asesina con preguntas cuyo contenido jamás advirtió. Olvídate de quejas y reclamos porque es como tirarse a una jauría de lobos.

¿Lo peor de todo? Fingen ser muy encantadores y son muy magnéticos: auténticos psicópatas. Y ¿lo peor de lo peor?… Todos caen bajo su hechizo hasta que van “muriéndose” uno a uno. Y sin embargo, cuando ya son las finales como los Juegos del Hambre, los tontos que le tengan mucho miedo seguirán fingiendo reírse y sentir encanto por él. E incluso habrá aquellos que son tan inocentes que ni siquiera entenderán cuando él haga chistes donde lo estarán criticando indirectamente.

Si eres inteligente y bueno en su asignatura, no quedarás atrás. Te verá como competencia, como infantil que es, y procederá a pasos lentos y precavidos. Sí, se lo toman todo como un juego del gato y el ratón, cuando no es más que una puñetera asignatura que ruegas a Dios sacarte ya de encima. Porque incluso terminarás odiando lo que sea que enseñe.

 

Bueno, esos han sido los 5 peores y los 5 mejores profesores que hay, en mi opinión. Claro que me he quedado corta y hay mucho más por decir. Me ha resultado más sencillo pensar en los peores que en los mejores.

No olvidemos que ninguno tiene un papel sencillo. Ser profesor es difícil a su manera. Son personas que estudiaron mucho para llegar donde están y no porque hayan sido injustos merecen que les respondamos con violencia como en muchas escuelas o demás lugares sucede a diario.

También hay profesores abusadores que se aprovechan de su autoridad y que, principalmente, maltratan psicológicamente a sus alumnos y los desmoralizan haciéndoles pensar que porque no aprobaron un examen no llegarán a nada en la vida. Adoctrinándolos como si fueran soldados y matando toda creatividad posible o haciéndoles creer mentiras.

Ojalá hubieran más profesores que amen su trabajo y vean el enseñar como una buena labor y no un castigo. Así como también desearía que su trabajo fuera más respetado y bien visto. Ojalá no se los viera siempre como los demonios o vigilantes de una cárcel y más como un verdadero instructor que pretende darnos las herramientas necesarias para explorar el mundo y no reglas sobre un mundo inventado y creado por las generaciones.

Esto va dirigido a todos aquellos buenos profesores que realmente dedicaron o dedican su vida a enseñar y todavía no han perdido la fe en la humanidad o la juventud. Y también para aquellos alumnos que dedican su vida a aprender y respetar esta labor.

Al fin y al cabo, nunca dejamos de ser alumnos. Todos los días se aprende y se enseña algo a alguien aunque no tengas un profesorado en ello.

Después no culpen a los niños o adolescentes o de cualquier edad cuando dicen que odian ir a la escuela cuando tienen que sentarse 8 horas o menos a escuchar a un amargado quejarse de su existencia. Y sí, como dije, no todos son así. Y me siento peor por ellos por tener que ver cómo la bondad significa carne de cañón para el abuso de aquellos que no saben cuán valioso es la capacidad de pensar.

Así que estudiantes y profesores malditos los habrá siempre, pero no dejemos de lado a aquellos que todavía aportan con un pedacito de esperanza y dedicación. Al fin y al cabo somos todos humanos. A veces aquellos profesores que parecen los más malditos son hombres y mujeres que sufren un montón puertas afuera, y sí, no les da ningún derecho a maltratar gente que no tiene nada que ver. Pero alumnos y docentes llorando y huyendo a sus casas he visto millones. Así que se mire por donde se mire, es una cuestión de fuerzas y equilibrio, cumplas el papel que cumplas.

 

 

¿QUÉ SIGNIFICA SER INTELIGENTE?

 ¿Tienes el mundo en tus manos o eres como Atlas y debes cargarlo sobre tus hombros?

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Para empezar ¿Qué es la inteligencia?

Según el diccionario es: “Facultad de conocer, analizar y comprender. / Habilidad, destreza y experiencia.”

Según Howard Gardner existen varios tipos de inteligencias:

  • Inteligencia lingüística
  • Inteligencia lógica-matemática
  • Inteligencia musical
  • Inteligencia espacial
  • Inteligencia corporal-cenestésica
  • Inteligencia intra-personal
  • Inteligencia interpersonal
  • Inteligencia naturalista
  • Inteligencia existencial o filosófica

Luego Robert J. Sternberg propuso en 1985 tres categorías:

-Inteligencia componencial-analítica

-Inteligencia experiencial-creativa

-Inteligencia contextual-práctica

 

Pero el punto aquí no es la definición propiamente dicha de la “inteligencia”. Yo siempre sostengo que en este mundo no hay nada exacto, todo es inconstante, es difícil definir reglas y términos cuando te planteas preguntas como ¿Qué es realmente lo incorrecto y correcto? ¿Cómo sé que estas actitudes estás expresando verídicamente lo que siente por mí?

            Por estas razones es difícil explicar qué es la inteligencia. Este concepto va más allá de las habilidades lingüísticas, matemáticas, musicales, etc. Como bien reflejé en lo anterior mencionado, abarca muchísimos aspectos.

“Un gran problema en el mundo es que los necios y los fanáticos están seguros de sí mismos. Mientras que las personas inteligentes están llenas de dudas.” (Bertrand Rusell)

 

           Actualmente se considera que los índices de suicidio, de problemas emocionales y encarcelamientos ocurren en mayor intensidad entre personas de gran inteligencia, aún siendo en su mayoría demasiado problemáticos dentro de los ámbitos sociales, laborales y emocionales.

            Se dice y se tienen pruebas que demuestran que las personas con un coeficiente intelectual más elevado sufren más que las personas con un coeficiente intelectual promedio.

 ¿Por qué sucede esto?

Porque una persona inteligente es aquella que además de poseer dichas habilidades que suelen definirlos, son personas hipersensibles. Captan matices y sutilezas que las demás personas pasan desapercibidos. Cuentan con una percepción y comprensión más rápida que los demás, por lo que la mayor parte de las veces no salen beneficiados debido a su carácter sumamente altruista y generoso.

Ven su entorno de maneras más caóticas y repletas de discordia que el resto. La habitualidad al momento de relacionarse con las personas suele afectarlos particularmente ya que lo consideran como una ausencia de sensibilidad o pura superficialidad.

“El verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor.” (Fiodor Dotoievski)

Algunas de las características que suelen asociarse a personas muy sensibles son:

  • La timidez
  • Una gran creatividad
  • Altos niveles de empatía
  • Inhibición en la vida social
  • Tendencia a ser solitarios e introspectivos
  • Están muy sintonizados consigo mismos
  • Trastornos del sueño
  • Ansiedad
  •   Depresión

 

Todo esto nos lleva a lo que llamamos inteligencia emocional. Según Daniel Golerman, hombre que hizo mucho énfasis en la diferencia entre la inteligencia racional y emocional. Dijo que esta última era más importante que cualquier otra, pues concluye que la inteligencia pura no garantiza un buen manejo de las vicisitudes que se presentan en la vida.

Dividió a esta clase de inteligencia en dos:

Inteligencia intrapersonal: es la habilidad de crear un modelo realista y preciso sobre uno mismo, con la posibilidad de acceder a los propios sentimientos y emplearlos como guía en la conducta.

Inteligencia interpersonal: consiste en la comprensión a los demás. Es decir, entender qué los motiva, cómo operan, la manera adecuada de relacionarse. La capacidad de reconocer y reaccionar ante el humor, el temperamento y emociones ajenas.

Como decía el famoso escritor estadounidense Hemingway “Personas inteligentes, y a la vez felices, es la cosa más rara que he visto”.

Este escritor suele ser el ejemplo más trillado a  la hora de demostrar que personas inteligentes sufren más y que no encuentran su lugar en el mundo.

A pesar de que se considera que las personas más sensibles y “humanas” son el siguiente paso evolutivo en la humanidad. Aún estamos bastante lejos de aceptarlos como un modelo social.

Vivimos en una sociedad donde no se les da alas, donde la figura ejemplar es el ignorante o el atleta. Donde se deja de lado lo que verdaderamente importa. Como dicen algunos: “vivimos en una cultura agresiva”. Aunque se sabe que ha habido figuras históricas reconocidas como tal. No podemos negar que ha habido y sigue habiendo personas en todo el mundo con coeficientes intelectuales elevados que trabajan en puestos laborales considerados mediocres o no han llegado a nada en la vida. Personas que por vivir en países pobres o en desarrollo donde los índices que nos comunican los medios de comunicación, en los que siempre confiamos sin cuestionar, son pocos los inteligentes.

Debemos considerar también que en este mundo las personas inteligentes que han triunfado, en su mayoría, sufrieron bajo el amparo de las grandes potencias políticas. Los conocimientos, las grandes mentes fueron manipuladas por los ricos. Por los “picaros”, los que se encuentran en la cima del mundo.

Un ejemplo claro… Einstein, al descubrir que el uranio podía ser utilizado como una gran fuente de energía que detonaría en una explosión de proporciones épicas, ¿qué sucedió? Se creó la bomba atómica. Alfred Nobel, creador de la dinamita, quien pensaba que el descubrimiento de armas con defectos devastadores haría que las naciones vivieran en paz por temor a que fueran utilizadas. ¿Qué diría este gran genio si hubiera vivido durante las Guerras Mundiales?

Si en esta vida eres un “ganador” seguramente será porque estás entrometido en asuntos de computación, tecnología, fama televisiva, entretenimiento o has inventado algún invento para engrandecer la sociedad sedentaria de hoy en día. ¿Han notado el número de personas inteligentes que han triunfado por hacer algo en busca del bien de la humanidad?

La mayor parte de la sociedad no considera ni recuerda realmente a personas que lo dan todo por el altruismo. No son multimillonarios ni reconocidos. La gente no habla de ellos continuamente, nadie los mira con los mismos ojos de admiración en comparación a alguna figura de la farándula que por ejemplo salió desnuda en un show.

“Mientras los necios deciden, los inteligentes deliberan.” (Plutarco)

Los sistemas educativos de hoy en día, están estructurados para crear prisiones en el hemisferio izquierdo, el cual se encarga del razonamiento. Mientras que el hemisferio derecho abarca áreas referidas al arte,  la creatividad y demás. Si te pones a analizar, cada sostén del orden político mundial: la educación, el Estado, la Iglesia, etc. Desarrollan los mismos órdenes sistemáticos de encierro mental. Cuestionar las cosas implica desarrollar una opinión independiente que te vuelve una persona más difícil de controlar.

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El sistema educativo se basa en cuatro pilares fundamentales: el físico, el intelectual, el social y el emocional o psicológico. En lugares cuyo principal interés es la acumulación de riquezas, se promueven imágenes dañinas y erróneas de héroes del deporte, de la guerra y demás.

Estos adultos o niños inteligentes suelen tener un desarrollo social y psicológico precario ya que no se les presentan las mismas oportunidades ni las mismas situaciones o vivencias que los demás. Deben enfrentar la mayoría de las situaciones en soledad porque los demás tienden a pensar que por ser inteligentes saben enfrentar mucho mejor las situaciones, la gente cierra sus mentes y no entienden que están pasando por situaciones difíciles. Son marginados y aislados por ya haber sido etiquetados por los líderes populares.

A pesar de estas estadísticas, hay personas que logran sobrevivir a estas adversidades y como consecuencia desarrollan una elevada inteligencia emocional. Entonces ¿Qué es realmente este tipo de CI?

Según wikipedia “La inteligencia emocional agrupa al conjunto de habilidades psicológicas que permiten apreciar y expresar de manera equilibrada nuestras propias emociones, entender las de los demás, y utilizar esta información para guiar nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento.”

La sociedad actual es el detonante perfecto para procrear inadaptados sociales o personas con problemas emocionales, ya que no enfrentan situaciones estresantes de la vida de la misma manera que la gente media. Se adaptan de una manera totalmente diferente.

¿Y si una gran inteligencia crease una sensibilidad exacerbada? ¿Y si también pudiera aumentar la fragilidad e incluso el sufrimiento interno?

Al percibir y reflexionar con mayor intensidad sobre los problemas de la humanidad, las tragedias, los carecimientos, las miserias, las injusticias y tristezas del mundo, la felicidad parece algo inalcanzable. Es por eso que son más propensos a sufrir de depresión. A esto añadamos el hecho de que son sumamente tímidos e inmiscuidos, si no se dan a conocer, sobre todo en una sociedad que los alienta a cerrarse, cómo van a conocer a otros  como ellos. Eso les hace sentir más solos en el camino hacia una sociedad justa y equitativa. Por eso dicen que son el siguiente paso en el camino evolutivo.

A continuación voy  colocar un índice de características propias de esta clase de gente, directamente desde la página www.periodistadigital.com, donde pueden leer una breve sinopsis del libro “Demasiado inteligente para ser feliz”, sumamente  apto para personas de este estilo.

El índice se basa en:

1) Diagnóstico: de la liberación a una nueva inquietud.

2) Tiempo: están siempre en otra onda.

3) Lucidez asombrosa.

4) Sentimiento de imperfección

5) Impaciencia difícil de ocultar

6) Hipersensibilidad invasora

7) Inmensa soledad

8) Las mujeres tienden a intimidar fácilmente

9) Creatividad como perspectiva

10)  Empatía como habilidad

Ser una persona así significa disponer de una inteligencia cualitativamente distinta. Es la combinación de diferentes recursos intelectuales, una capacidad de comprensión, análisis y memorización de prodigio junto a un elevado sentido de sensibilidad y capacidad híper-desarrollada de los cinco sentidos que invaden los pensamientos.

Clasificarse como una persona altamente sensible, es un término más ecuánime y no peyorativo. Ser hipersensible es un don y un reto a la vez ya que siempre son  perseguidos por sus vacíos existenciales. Debes hallar diferentes formas de eliminar ese estrés que el mundo aplica sobre nosotros. Todas las personas deberíamos ser así ya que todos necesitamos cariño, ternura y consideración.

Se ha implantado en nuestro instinto natural el rechazo hacia personas que no cumplen con los estándares sociales. Incluso yo he sentido por momentos esa aversión natural, hasta que con el tiempo comencé a tomar consciencia de esas cosas y se convirtió en algo normal aceptar a todos. Pero a veces actuamos como “corresponde” por obligación, no porque es algo honesto. ¿Cómo avanzar de esta forma?

“Aún los inteligentes cometen errores, pero son los tontos los que nada hacen por corregirlos.” (Arthur Sopenhauer)

Incluso darle demasiada gloria a la gente superdotada emocionalmente, es rechazar a otros. Es vanagloriar a esta minoría. Es difícil ser justo, difícil actuar equitativamente, es uno de los grandes factores que ha llevado a que inmensos líderes cometieran errores o perjudicaran a varias personas. Porque a veces es muy difícil decidir sin aislar a nadie. Si quieres conquistar divides y agrupas algunos. Pero un grupo siempre resulta heterogéneo por lo que no se pueden tomar decisiones basadas en todos, y así es como se han librado tantas guerras, tantos genocidios, tantas cosas. A veces actuamos pensando que eso es lo correcto, que estamos haciendo algo en nombre del bien o en nombre de Dios.

Pero regresamos a la antigua paradoja ¿Qué es lo correcto e incorrecto?

“La mentira que vivimos”

Muy buenas Eruditos. Hoy quiero compartir con ustedes un video que se ha hecho muy popular en YouTube, y que, probablemente, la mayoría ya lo haya visto.

En mi opinión, es un video muy interesante, y demasiado honesto. Resume de manera perfecta y concisa los puntos claves en los cuales se apoya la estructura mediática y consumista de hoy en día.

Al principio del video se hace una introducción que lleva a la pregunta retórica que muchos temen responder: “¿Somos verdaderamente libres?” o “¿Existe acaso la libertad?”. Graham Hancock decía: <>.

De manera continuada se habla de nuestra dependencia financiera, de lo comercializado que todo está. Pensemos… cada vez que alguien tiene una necesidad o un problema la solución es pagar algo. ¿Tienes problemas psicológicos? Paga a un terapeuta, psiquiatra, psicólogo… ¿Tienes problemas de relajación? Paga clases de yoga. ¿Quieres tener un buen puesto de ingeniería? Paga una buena universidad. Dinero, dinero, dinero. Esta dependencia nos lleva al punto de pensar que todo tiene un precio, y que esto es lo que único que realmente importa. Vivimos y desarrollamos nuestras vidas en torno a ello. ¿Qué nos decían siempre cuando íbamos a la escuela y éramos niños? Estudia si quieres ser alguien en la vida, estudia si quieres tener un buen empleo y ganar dinero. Pero, rara vez, nos decían “Estudia para no ser una persona ignorante y fácil de controlar. Estudia para que no te puedan explotar. Pero no confundas nunca el conocimiento con la sabiduría”.

¿Qué sentido, qué significado adquiere nuestra vida de esta manera, viviendo dentro de un sistema corrupto y limitado? Dentro de un orden perfectamente administrado para lograr que vivamos por fuerza de inercia, y aquellos de mente abierta sean marginados o se vean sin opción.

¿Hasta qué punto perdemos nuestra humanidad?

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La comida, la ropa, el entretenimiento, la cultura, todo es administrado y controlado por la “elite”. Esto nos permite forjarnos de manera más eficaz como una pieza individual del tablero, un soldado más que sigue los criterios y valores impuestos por el sistema de socialización dominante, para formar parte de la conciencia colectiva.

Según Chomsky, esta manipulación mediática se logra mediante los medios de comunicación masivos, que apoyan el poderío sobre las masas. En sus palabras:

“En un estado totalitario no importa lo que la gente piensa, puesto que el gobierno puede controlarla por la fuerza empleando porras. Pero cuando no se puede controlar a la gente por la fuerza, uno tiene que controlar lo que la gente piensa, y el medio típico para hacerlo es mediante la propaganda (manufactura del consenso, creación de ilusiones necesarias), marginalizando al público en general o reduciéndolo a alguna forma de apatía”

(Chomsky, N., 1993)
Chomsky y Herman habían clasificado los filtros a través de los cuales los medios consideran apto o no la difusión de determinada información.
  1. “Magnitud, propiedad y orientación de los beneficios de los medios de comunicación”. Concierne al mercado de los medios, lo cual sugiere que las grandes empresas de información controlan todos los medios de difusión globales. Estas empresas a su vez tienen nexos con distintas entidades políticas, sociales, industriales y económicas, cuya tarea principal es retroalimentar sus ideologías y pensamientos en la población. De esta manera se impide el surgimiento de medios alternativos que no representen a estas grandes instituciones. Esto según Chomsky,“pone en énfasis la desigualdad de riqueza y poder, así como en los efectos que esta produce a diferentes niveles en los intereses y elecciones de los medios de comunicación de masas”.
  2. “Beneplácito de la publicidad”. La proliferación de los medios de comunicación ha permitido que se generen espacios de publicidad que alientan el crecimiento económico de distintas empresas y de los mismos medios. Sin embargo, con el paso del tiempo la pauta publicitaria ha generado una marcada brecha entre las grandes compañías capaces de lucrar mediante sus anuncios con respecto a las que no disponen de acceso a los medios. “Los anunciantes, en consecuencia, suelen apoyar programas que concuerden ideológicamente con ellos (a saber, contenidos que no sean poner en tela de juicio la ideología corporativa dominante)”.[1]
  3. Suministro de noticias a los medios de comunicación”. Las noticias que se difunden a la audiencia tienden a ser “cuidadosamente seleccionadas” por el gobierno e instituciones privadas y públicas, lo cual resulta en aportación informativa mediocre, aislada de la realidad y falta de crítica. Este filtro justifica los intereses de las élites. Según Chomsky (1988) Los representantes de los medios de comunicación pretenden que lo que el gobierno dice es “de interés periodístico” por derecho propio; es decir, su objetividad es nominal y no real puesto que lo que es aceptado por el gobierno y es emitido por un medio de comunicación sin ser evaluado en un contexto y sin considerar alguna manera de manipulación es tomado como permiso para ser “dirigido”, de este modo se constata el manejo de la información mediante el suministro de ésta a los medios de comunicación masivos.
  4. “Críticas a los contenidos de los medios de comunicación”. También conocido como como “El “con el mazo dando” de los reforzadores de opinión”. Este ítem constituye la manera como las élites acallan cualquier tipo de información que vaya en contra de sus intereses particulares, ya que para ellas no es conveniente ser criticadas ante una gran masa de gente del común. Es por ello que “si se considera que probablemente algunos acontecimientos, posturas o programas pueden provocar esta respuesta crítica, lo más probable es que sean eliminados” (Chomsky y Herman 1988).
  5. “Anticomunismo como mecanismo de control ideológico”. El comunismo ha sido siempre el fantasma temido por los propietarios, ya que amenaza las raíces mismas de su posición social y de su estatus superior. Quizá –tras la caída del muro de Berlín y el colapso de la URSS–, este filtro sea ya obsoleto, pero su política puede extrapolarse fácilmente a casos como el de la guerra del Golfo, mientras que los resabios ideológicos del anticomunismo prosiguen en los medios, promocionando el individualismo proempresarial y el ataque sin cuartel al estado de bienestar. Así mismo el mecanismo de control anticomunista llega a través del sistema a ejercer una fuerte influencia sobre los medios de comunicación por medio de temas esquematizados en términos de la bipolaridad comunista y anticomunista con perdidas y ganancias que abogan por la propaganda de cada grupo (mayoritariamente del anticomunismo), lo que a su vez genera en la audiencia la aceptación de un hecho como verdad legítima.

Este control ha existido siempre, pero se ha exponenciado con el desarrollo de la tecnología. Y esta última es un arma de doble filo. Mientras exista esa “relativa libertad” y haya personas abiertas o “despiertas” existirá una mínima esperanza de que algún día la humanidad abra los ojos y se una para hacer algo. A veces nos convertimos en personas incapaces de encontrarle un nuevo uso a las cosas. Esto me recuerda a una profesora de teatro que había tenido hace tiempo…Mi grupo y yo teníamos que elegir un objeto cualquiera e imaginar que servía para “tal cosa” y no para lo que comúnmente atribuíamos. La mayoría habíamos tenido problemas haciéndolo, y ella nos había dicho “¡Chicos, ya llegaron a esa etapa de la adultez donde perdieron la imaginación y creatividad!”. En ese momento reflexioné cómo la imaginación que teníamos de niños se va congelando, se va marchitando. Cuando pensamos o queríamos que algo funcionara para algo “incorrecto”, nos reprendían y “enseñaban”.

¿Y si esto sucediera también con los conceptos aprendidos sobre la sociedad? Existen más opciones de las que conocemos, pero a veces somos incapaces de admitirlas en nuestra realidad. Incapaces de adaptarlas, amoldarlas.

La tecnología nos ha dado muchas ventajas. Nos ha permitido acceder a la cultura de una manera mucho más económica y global. Nos ha permitido conectar con varias partes del mundo sin necesidad de viajar. ¡Ahora mismo estoy escribiendo por medio de ella!

Pero nunca debemos dejar de notar la diferencia entre conocer a una persona íntimamente a conectarnos con ella o él por medio de una pantalla digital. Por supuesto, que esto último es discutible. Depende de las personas. Pero mentir en la realidad virtual es mucho más sencillo y rápido. Y nunca se la podrá equiparar con la realidad sensorial.

De hecho, varios estudios sugieren que en los últimos años, la dependencia tecnológica ha aumentado los casos de dependencia emocional. Estamos viviendo en una sociedad enferma de modernidad y de ambiciones innecesarias.

Sugerencia a leer <> de PATEL, SURENDRA

Fuentes: www.wikipedia.org La manipulación mediática.

¿Disfrutar trabajando?

Hola Eruditos.

Navegando por Internet, como de costumbre, me encontré con un artículo muy interesante en www.lamenteesmaravillosa.es. Esto quiere decir que todo el texto pertenece a su correspondiente autoría y no es de mi propiedad.

Me parecía muy interesante comentar al respecto puesto que hoy en día existe una especie de “dicotomía” entre el trabajo o deber y el entretenimiento.

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Disfrutar trabajando no es una contradicción in terminis. O al menos así lo creemos algunos “locos” que soñamos con la posibilidad de que nuestra pasión, aparte de alimentar el alma, pueda dar de comer a nuestros estómagos… Pero a menudo se ven como separados el concepto de trabajo y el de placer. De hecho, el origen de la palabra negocio y ocio van en esa línea, ya que el negocio etimológicamente significa el “no-ocio”.

Esta mentalidad nos ha llevado a menudo a pensar que disfrutar es perder el tiempo y trabajar implica estar serio. Por suerte, en los últimos años cada vez son más las organizaciones y escuelas donde se valora la actitud positiva como factor clave para el desarrollo profesional y académico, pero aún hay mucho camino por recorrer… y lo más importante, en el día a día se nos puede olvidar fácilmente por la presión, el estrés, etcétera.

En cuanto a la presencia del aprendizaje o la productividad en el placer…

La mayoría de aficiones están orientadas al puro entretenimiento, y ya no me refiero solamente a los juegos o videojuegos, sino también a los mismos contenidos de Internet y la televisión. Sin duda, es fabuloso disfrutar por disfrutar de vez en cuando, pero es una pena desaprovechar el enorme potencial que tienen los medios audiovisuales de hoy en día: como programas de televisión sobre cultura, juegos de mesa que fomentan habilidades personales, aplicaciones de Smartphone para aprender idiomas o materias escolares…y un largo etcétera

En cuanto a la presencia del placer en el trabajo…

Con la idea de incorporar el placer en el trabajo no me refiero a instalar una mesa de Ping Pong en la oficina, sino realmente a trabajar con pasión y entusiasmo, incorporando en el propio proceso productivo competencias transversales y actitudes propias del juego como la flexibilidad, la creatividad, el compañerismo, la transparencia, el sentido del humor, el saber perder, el saber ganar…

Muchos estudios demuestran que las personas felices en su trabajo rinden mejor, con lo cual es realmente útil tanto para la persona y su bienestar como para la misma organización. No estaría de más que comenzásemos a integrar más y mejor los distintos ámbitos de nuestra vida, aprendiendo de cada uno y enriqueciéndolos unos con otros, para que los niños empiecen a jugar aprendiendo y aprender jugando, y los adultos comencemos a disfrutar trabajando y a divertirnos siendo productivos o aprendiendo. ¿Y a ti? ¿Te apasiona tu profesión y procuras disfrutar de tus tareas diarias? ¿Integras los distintos ámbitos de tu vida? ¿Nutres tus actividades de ocio con amigos, familia, pareja… de aprendizajes técnicos o humanos?

¿Qué opinan?

Personalmente, me parece muy interesante comentar cómo ambos conceptos no son más que construcciones ideológicas de la sociedad. La mayoría de las generaciones viejas suelen decir que la juventud está formada por personas vagas. Se podría realizar toda una investigación al respecto, pero no olvidemos que nos estamos convirtiendo en una sociedad cada vez más opulenta. Antes no había la misma cantidad de distracciones que hoy en día, los medios de comunicación construyen estereotipos que nos dicen qué es lo divertido qué no. A esto sumemos las figuras de los padres, más exigentes en ese entonces.

¿Me refiero con esto que las generaciones anteriores eran mejores que ahora? No. Cada una tiene sus defectos y virtudes, y no olvidemos que todavía existen los padres conservadores.

El concepto de entretenimiento está ligado mayormente al concepto de “rutina”. Si hacer algo relacionado con el ocio se convirtiera en un trabajo probablemente nos aburriríamos. No nos olvidemos que somos hijos del rigor.

Necesitamos usar la estrategia de la tentación, de lo novedoso. Antes se nos enseñaba a trabajar, a estudiar. Y ahora se nos exige eso. Al llegar a la edad adulta, no nos queda nada más que resignarnos a hacerlo. Pero mi pregunta es ¿Y si nos hubieran dicho desde el nacimiento que estudiar, leer, investigar y demás es divertido? ¿Y por qué todo lo que hacemos debe ser divertido? ¿Se dieron cuenta que la típica estrategia de marketing usa esta patraña? Ves un comercial de libros de aprendizaje infantil y te dicen que comprándolos tus hijos aprenderán DIVIRTIÉNDOSE. Te promocionan una manera de comprar productos de manera online y el locutor dice “Ahora, comprar es más DIVERTIDO”. ¿Hasta qué punto se busca la diversión y hasta qué punto se lo asocia con la “comodidad”?

Existen personas como yo que vemos este tipo de cosas como algo divertido, pero más allá de esa opinión personal, aceptamos como “una realidad universal” el hecho de que eso no es la “diversión normal”. No les voy a mentir, trabajar como en una línea de ensamblaje o estudiar sin descanso no es divertido para ninguna persona en su sano juicio. Hay una diferencia entre gustos y “convencimiento deliberado”. Lo repetitivo explota tanto al deber como al entretenimiento.

Algún día, tendremos que dejar de asociar al entretenimiento con el medio masivo de distracción y con su forma de mantener ignorante y apática a la gente. Si lográramos ese equilibrio relativo, tal vez el mundo dejaría de estar sumido en esa resignación y visión pesimista o “adaptativa” de la vida.

¿Quiénes somos realmente?

LA GRAN ENFERMEDAD CONTENPORÁNEA: la dificultad de ser.

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Henry Miller decía: “Hay que darle un sentido a la vida por el hecho mismo de que la vida carece de sentido”.

Creo que antes de buscar un sentido, un por qué, un cómo, es empezar a preguntarnos qué significan estas preguntas y qué es lo que esperamos realmente de ellas. Aunque en el fondo no sepamos las respuestas, inevitablemente nuestro subconsciente busca un sentido que se halla escondido. Por eso es que muchas veces los acontecimientos nos desilusionan sin saber explicar realmente por qué.

Vivimos en un mundo donde las personas que se hacen esta pregunta, explícitamente o no, son cada vez más. Creo que es una pregunta de doble filo, como la mayoría de las cosas que responden a una filosofía de vida. Quienes encuentran una especie de sentido o una explicación, que si bien en la mayoría de las veces no se perpetran con el tiempo, son quienes hayan un consuelo temporal, pero satisfactorio en su propia medida. Pero a veces estas respuestas dejan de ser suficientes y nos encontramos en un vacío existencial que nos “descarría” de nuestro propio mundo. Esto sucede cuando las preguntas van mucho más lejos de lo que alguna vez nuestra comprensión podría entender. Preguntas que terminan causando una angustia, una frustración existencial que por lo tanto nos hace sentir vacíos. Y en esa búsqueda del conocimiento nunca estamos seguros de lo que creemos, vemos o sentimos. Preguntas como el ser mismo o incluso el tiempo nos dejan sin aliento, desamparados y sumidos en una oscuridad sin fin.

Y cuando llegamos a esa etapa es cuando tomamos consciencia de la insignificancia de nuestra existencia, cuando comprendemos que por más que lo intentemos, por más que fallemos, que actuemos o busquemos respuestas, el vacío seguirá allí. Creo que es acá donde uno puede encontrar el porqué de las religiones. Cuando no se hace más que evidente que nuestra compresión tiene demasiados límites, por más que seamos muy buenos dando nuestras teorías y opiniones, es cuando somos conscientes de nuestros límites como seres mortales que somos. Si la vida tiene realmente un sentido, una explicación, respuestas, es porque algo superior a nosotros tiene que haber.

Creo que las personas religiosas encuentran su propio sentido en sus creencias. Después de todo, siempre necesitamos tener fe en algo para encontrar un camino que nos guíe. Porque la libertad puede hacer que nos perdamos, no es lo mismo caminar en un bosque frondoso sin guía, que estar transitando por calles limitadas y con nombres. Intentamos encontrar un control en nuestras vidas que no son más que una ilusión. La libertad es una ilusión. Porque la libertad asusta.

Si no fuéramos esclavos de nada ¿Qué sentido tendría estar buscando siempre algo? ¿Qué sentido tendría actuar y buscar metas? La meta forja el camino porque de lo contrario estamos perdidos y no solo que estamos en un terreno inhóspito, sino que además no sabemos qué es lo que nos rodea. Pero las metas se vuelven obsoletas, nos aburrimos con facilidad. Las preguntas, nuestra rebeldía nos conduce a un mundo sin valor. Un mundo donde no se sabe ni siquiera sabemos cuál es la diferencia entre el bien y el mal, o siquiera si existen estas dualidades.

Podemos afirmar o negar lo que queramos como cualquier filósofo o pensador se empeña en hacer. Pero en el fondo, sabemos que nada de lo que digamos puede comprobarse realmente. Sí, es fácil entender todo aquello que es más terrenal o propio del ser humano, todo lo que es llevado a la ciencia. Pero existen preguntas que nadie jamás podrá responder con una absoluta convicción. Solo podemos dar nuestros propios sentidos ambivalentes o nuestras creencias intangibles. Solo podemos aliviar esa frustración con la espiritualidad.

<<Después de haber descubierto que la vida no tiene sentido, no nos queda más que hacer que darle un sentido. >> -Lucian Blaga.

¿Quién dijo que la vida debía tener un sentido? ¿Por qué ha de tener un significado? ¿Y si no somos más que  un montón de bastas criaturas viviendo en una ilusión donde el tiempo ni la materia existen? ¿Y si no somos más que un montón de piezas de un juego llevado a cabo por alguien más? ¿Y si nada de lo que pensamos es real, y no es más que una creación anterior a nosotros? ¿Un proceso reversible o simultáneo llevado a cabo por las matemáticas de la vida?

Creo que el problema de intentar dar cabida a semejante comprensión solo da lugar a la locura. Nos empecinamos en reducir nuestros mundos por ese miedo. El conocimiento tiene un límite. El alma se enloquece en un cierto punto porque las cosas se vuelven insulsas e incongruentes.

Siempre fui una persona adicta al conocimiento y la sabiduría. Algo que me consuela mucho es el saber. La ignorancia es oscuridad. Con cada día que pasa, cada hora, cada minuto pienso en los conocimientos adquiridos. Pero un día te preguntas qué sentido tiene aprender tanto sobre la vida, si al fin y al cabo todos moriremos algún día. ¿Por qué no nos basta con aprender lo requerido para sobrevivir y ya está? Porque tenemos un alma. Explicar qué es el alma en sí llevaría bastante tiempo. El alma es aquello que escondemos en nuestro ser. Eso que sentimos cuando nos adentramos en nuestro interior. Cuando pensamos. Por eso somos seres en una constante búsqueda de un sentido inexistente.

El conocimiento es poder. Y por este motivo siempre se asocia el saber infinito con una deidad. A veces, mientras más aprendemos y más pensamos, más nos damos cuenta de lo vacía que puede resultar nuestra existencia. El mundo se atiene a pensar, se atiene a “enloquecer”, cuando ya viven en su propia locura sin meditarlo realmente. Vivimos encerrados en nuestros propios mundos, pequeños y vacíos. Fijos en el tiempo.

El filósofo alemán, Heidegger decía: “Cuando el más apartado rincón del globo haya sido técnicamente conquis­tado y económicamente explotado; cuando un su­ceso cualquiera sea rápidamente accesible en un lugar cualquiera y en un tiempo cualquiera; cuan­do se puedan «experimentar» simultáneamente el atentado a un rey, en Francia, y un concierto sinfó­nico en Tokio; cuando el tiempo sea sólo rapidez, instantaneidad y simultaneidad, mientras que el tiempo entendido como historia haya desaparecido de la existencia de todos los pueblos; cuando el boxeador rija como el gran hombre de una nación; cuando en número de millones triunfen las masas en los mítines -entonces, justamente entonces, vol­verán a atravesar todo este aquelarre, como un fantasma, las preguntas: ¿Para qué?, ¿hacia dón­de?, ¿y después qué?”.

Sentido de la Vida

El tiempo avanza sin cesar, hasta convertirse en una ilusión, en un simple respiro o parpadeo. Pensamos en el pasado, nos alimentamos de él, pero hasta el pasado se convierte en un sueño inocuo. No puedes tocarlo, y los recuerdos empiezan a perder color, te empiezas desvanecer. Un comienzo, un final. ¿Buscando la evolución? Cada existencia está rodeada de su propio sentido autónomo. Si pensamos en la mortalidad, le otorgamos su sentido con el tiempo. Lo regodeamos de valor porque será único e irrepetible. Si pensamos en la inmortalidad, por el contrario, asociamos el aburrimiento. Pero entonces ¿Por qué cuando pensamos en el inicio y el principio de la vida pensamos que no hay ningún sentido?

Porque el avance significa movimiento. Porque la vida significa muerte, y la muerte vida. No existe un principio sin un fin, y un fin sin un principio. Y esta es una regla que se aplica al mundo, a la física, las religiones, y la filosofía en sí. La eternidad no es más que otra ilusión perpetrada por la mortalidad misma. Porque todo no es más que un puro e irónico relativismo.

Entonces ¿Qué son los sueños, los recuerdos y los pensamientos? Estamos seguros de nuestra existencia en estos momentos frente a una pantalla digital, pero lo que viste hace unos minutos es un recuerdo, una memoria. ¿Cómo sabes que sigue existiendo? Podría ser solo una interpretación continuada de tu imaginación.

Hemos dominado el tiempo en un sentido ambiguo. El dominio tecnológico no has colocado en un lugar de cuestionamiento perpetuo. La vida perdió más su rumbo, pero las personas también dejaron de luchar por encontrarlo para perderse en las infinidades de la inquietud.

Hemos perdido nuestro verdadero fin. Nos sentimos frustrados, miserables, abatidos y agobiados. Lo que antes era nuestro mayor regocijo se convierte en otro vacío más.

Vivimos en una era donde ya no se aceptan las cosas sin una explicación de por medio, por más mentirosa que sea. Vivimos en tiempos donde ya no es suficiente someterse a un destino impuesto por una falsa religión o falso dogma. Con esto no me refiero que no existan los dioses y demás. Las creencias son algo aparte, pueden creer o no. No estoy tratando el teísmo o ateísmo. Sino que estoy hablando del control que la religión ha ejercido sobre nosotros. Para un cristiano, que es el ejemplo más común, el sentido está en servir a Dios y al prójimo. Pero como sabemos muy bien, la sociedad ya no es tan creyente como al principio. ¿Esto es algo malo? No es ni malo ni bueno. Significa que ya no nos basta con ello. Necesitamos más. Y acá es donde entra la paradoja, queremos más pero a la vez nos encerramos más.

Buscamos y nos ocultamos. Tenemos curiosidad, pero también miedo.

Frankl sostenía que el hombre moderno sufre de lo que se conoce como el “complejo de vacío”. Una enfermedad que nos aqueja cada vez más. Freud afirma que buscar el sentido de la vida y la existencia eran síntomas de enfermedad porque ni esto ni lo otro son cosas objetivas. Buscar estas respuestas son propias del sentido más puro de la humanidad.

Entonces, hacerse estas preguntas nos amplía los horizontes, nos enriquece dentro de los parámetros de maduración existencial. Pero también nos adentra en una demencia típica de la dificultad del ser humano. Nos quita la alegría del vivir. Porque hasta esa emoción pierde su color.


Y el tener ese poder de conocimiento nos aísla. Nos deja apartados. Nos hace entender que el sentimiento de “pertenecer” no es también más que otra cuestión surreal. Y es ahí donde la conexión se pierde y el mundo decae.

¿Sugiero entonces que esto nos lleva a nuestro propio apocalipsis? No. Nuestras exigencias son incompatibles con nuestro ritmo de vida. No nos mata, solo nos deja agonizantes. Somos conscientes de la cantidad de siglos que la humanidad ha sobrevivido. Hemos leído o escuchado sobre guerras, hambrunas, pandemias… Grandes tasas de mortalidad han diezmado a la humanidad, y sin embargo seguimos aquí. La tecnocracia avanza indirectamente proporcional a nuestra existencia como hombre o mujer.

Entonces, tal vez algún día llegue su fin. Pero mientras tanto solo somos un gran cúmulo agonizante que se arrastra por el mundo.

Y ni siquiera ese gran dolor nos da un mayor significado. Somos capaces de hacernos semejantes preguntas dentro de un vasto universo sin límite ni profundidad real. Solo suponemos. La ciencia y nuestras mentes tienen límites, pero nuestra imaginación no. Y eso nos vuelve locos.

Frankl considerada que la búsqueda del sentido era propio de una sociedad en opulencia, cuando las necesidades elementales superaban su satisfacción. Esto significa que el mundo tiene más tiempo en cierta medida. Pero yo creo que nos abogamos a satisfacer esas necesidades con tal de no caer en un torbellino de preguntas sin respuestas.

Nietzsche pensaba que siempre debíamos buscar aquello que nos hiciera feliz. De manera que al regresar al pasado todo fuera como un ciclo de irrepetible alegría. Esto tendría sentido si nuestros paradigmas no cambiaran. La alegría tiene a volverse obsoleta y vacía.

La filósofa alemana Susan Wolf escribió en su libro Felicidad y Sentido “el sentido aparece cuando la atracción subjetiva encuentra algo objetivamente atractivo”.

¿Por qué asociamos continuamente el sentido de la vida con la felicidad? Ni siquiera la felicidad tiene una definición única. La felicidad pierde también su rumbo. Nos consolamos miserablemente. Y ¿quién dijo que vinimos a este mundo para ser felices? Podríamos entrar en un debate entonces sobre la importancia de simplemente vivir arrastrando esa existencia biológica o podríamos ser estoicos y señalar la importancia de la calidad y no la cantidad, como hacía Séneca.

Cesare Pavese decía <<En general está por norma dispuesto a sacrificarse quien de otro modo no sabe darle un sentido a su vida. >>

Esto significa usar el sacrificio consentido como una manera de reflejar el sufrimiento iluminado por el sentido.

He de admitir que gran parte de mi filosofía propia se ha basado en este dicho. Mis días colmados de preguntas como estas se aliviaron gracias al sacrificio. Es decir el vivir por el otro, como pensaba Einstein. Esto no significa sumirse a alguien o desmedir el valor propio. Sino buscar el bien por el prójimo. Suena como algo religioso, pero creo que es un valor que todos deberíamos aplicar. Sin preguntarse el por qué. Cuando hacemos esto le damos un valor terrenal, lo que nos adentra en el egoísmo. Y por eso, muchas veces le buscamos en sentido a una vida donde no somos la verdadera especie dominante en el sentido filosófico. Si lo fuéramos seríamos capaces de entender con mayor soltura.

Vale la pena sacrificarse por el resto, pero los significados y las expectativas que buscamos alrededor nuestro nos adentran en una nueva búsqueda de valor que no nos ayuda a la hora de actuar.

Frankl, Paul Tillich, Ludwig Wittgenstein y Einstein sugerían que la religión era la forma más común de encontrar la voluntad de sentido, para entender que el hombre debía apuntar a un “supra sentido”. En otras palabras, a un ser superior.

Esto sugeriría el porqué de nuestra infinita búsqueda.

<<Moralidad viene con la triste sabiduría de la edad, cuando el sentido de la curiosidad ha mermado. >> – Graham Greene