FEMINISMO: Un breve recorrido histórico (PARTE II)

Si no has leído la PARTE I, te recomiendo hacerlo antes de continuar...

El feminismo ha dado lugar a muchas disciplinas hoy en día. La definición es amplia. Celia Amorós reconoce en su denominación la defensa por lo genéricamente humano desde todos los géneros posibles. Nancy Cott cita la invalidación de jerarquía de género.

Este movimiento es un ataque a la visión androcentrista y su origen se remonta a los tiempos de la Ilustración, que como Amalia Valcárcel dijo “Es el hijo no querido del mismo” porque se apega a los términos sobre igualdad y autonomía pero el movimiento en sí no fue feminista.

Desde aquella época podríamos hablar entonces de una incipiente fase en el movimiento, que muchos conocen como la polémica feminista, ya habiendo dado señales durante en preciosismo en la Edad Media.

Cabe destacar que la cronología sobre el feminismo tiene varias interpretaciones, esto se debe a que muchos actos pioneros, al ser pocos y muy diferenciados entre sí, no pueden considerarse como un movimiento propiamente dicho, lo que hace que muchos historiadores luntitledos engloben en una primera ola o los descarten, colocando los sucesos de la segunda en la primera.

Estos sucesos “descartados” (ubicados antes de la Ilustración) han sido entonces agrupados también en lo que se conoce como protofeminismo, feminismo premoderno o memorial de agravios. Según Simone de Beauvoir la primera mujer feminista que defendió a las mujeres con la pluma fue Christine de Pizan en el siglo XV. El protofeminismo se destacó por la polémica en torno a la tradición europea del siglo XII donde la sociedad estamental sostenía ciertos roles de géneros justificados bajo creencias religiosas. Las mujeres participaron en hitos históricos muy importantes sin ser reconocidas.

Remontándonos a la época de la Ilustración, son pocos los filósofos y autores que reconocieron a la mujer. Rousseau fue un ejemplo de esto al incluirla en el concepto de estado liberal. John Stuart Mill, de igual manera, concediendo a ejemplos de su mismo sexo tal honor. Pero el suceso más destacable en manos de una mujer fue la obra “Vindicación de los derechos de la mujer” en 1792 por Mary Wollstonecraft.

Al mismo tiempo, Josefa Amar y Borbón, en la Real Sociedad Aragonesa de los Amigos del País, se dedicaba a escribir numerosas obrar de dicha índole.

Olimpia de Gouges con su “Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadanía” en 1791, fue otra mujer destacada en aquellos tiempos que murió guillotinada por sus ideas durante del Reinado del Terror en Francia.

Estos últimos hechos relatados, a partir de la Ilustración, pueden considerarse como parte de la primera fase de la primera ola. Dejándonos con la segunda fase, y muy bien conocida por todos: el sufragio femenino.

Siendo ubicada entre los siglos XIX y XX, se ha dado principalmente en Inglaterra, Estados Unidos y otras partes como Latino América, con sus respectivos años de procedersufragistas25252001.

La ola se centró en los derechos de propiedad, para obrar, derechos frente al matrimonio y políticos, como el voto; buscando explícitamente lograr las mismas posibilidades adjudicadas originalmente al hombre.

En Estados Unidos se resaltó la Convención de Seneca Falls en 1848. En Inglaterra las suffragettes, lideradas por Emmeline Pankhurst. Ambas potencias llevaron el reclamo al activismo, logrando con el tiempo, otro de sus objetivos, la abolición de la esclavitud, lo que incluye en el movimiento a las mujeres negras. Esto último generó un nuevo conflicto, esta vez entre las mujeres, el cual fue la desigualdad que existía entre la capacidad de reclamo feminista entre las mujeres blancas de alta sociedad y las mujeres negras u obreras, creando una especia de subdivisión.

Luego de que ambas potencias aprobaran el sufragio femenino, en 1928 en Inglaterra (sin contar 1918 cuando solo se le permitía a las mujeres de más de 30 años y propietarias), y 1920 en Estados Unidos, los demás estados europeos y algunos países latinoamericanos siguieron los mismos pasos.

Cuando el activismo fue claudicando poco a poco, tras la Segunda Guerra Mundial, se empezó a hablar entonces de una segunda ola a partir de 1960 hasta los ’90. Esta se conoció como “Movimiento de la Mujer o de la liberación de la mujer” centrándose en nuevos aspectos como la sexualidad, la familia, el trabajo, la reproducción, etc.

Una representante muy conocida fue Simone de Beauvoir con “El Segundo Sexo”.

Esta ola pretendía fundamentalmente llenar las lagunas que la ola anterior no había logrado acaparar, ya que no fue una forma sustantiva de modificar el rol de las mujeres. Por un lado, el sufragismo seguía contando con las propias limitaciones del liberalismo burgués, y por el otro, era una época de auge de las revoluciones socialistas, cuyas ideas de igualdad hacia el proletariado se consideran hoy en día teñidas de ideología patriarcal (Patriarcado: término que se refiere a la distribución desigual del poder entre el hombre y la mujer, donde ellos contarían con la preeminencia hegemónica en muchos aspectos como los derechos sexuales, políticos, civiles, etc.).manifestacic3b3n-feminista-960x623-1

La segunda ola se adjudicó la lucha de la libre sexualidad y el pleno goce del sexo por parte de la mujer. Se denuncia el comportamiento doméstico donde la mujer se ve obligada a adquirir el rol de crianza de los niños por su condición biológica reproductiva, y la obligación de los quehaceres domésticos.

En este período es donde se empieza a denotar aún más las ramas del feminismo, siendo más conocidas, la radical, la liberal y la socialista.

El feminismo radical es el que ha sido más duramente criticado. Esta rama sostiene que la mayor contradicción social recae sobre el sexo. Propone una nueva organización social donde las comunidades vivan en parejas y amigos sin formalidades legales. Esta clase de feminismo se opone a casi todas las organizaciones, mandatos y leyes por considerarlas nacidas de un sistema patriarcal.

El feminismo socialista coincide bastante con el anterior pero aplica su lucha al desafío en contra del modelo capitalista.

Finalmente, nos encontramos con la ola surgida en 1990 hasta el presente: la número 3.

Ésta, al igual que la segunda, nació frente a las fallas de su predecesora. La misma aplica nuevos matices al modelo femenino desarrollando divisiones que engloban las diferencias raciales, étnicas, sociales y económicas de las mujeres.30-chanel-protest-signs-w529-h352-2x

Ésta se caracteriza por el post-estructuralismo. Cuestiona los roles y conceptos asumidos por el viejo feminismo e incluye nuevas teorías como la queer o defensas hacia la sexualidad dejando abiertos debates en pos de la prostitución o la industria porno.

 

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FEMINISMO: La Guerra de los Sexos (PARTE 1)

Feminismo…. Una palabra que al igual que política o religión es capaz de desatar todo tipo de repercusiones, debates y preguntas que no necesariamente deben considerarse inoportunas o indebidas en todos los casos.

El feminismo es un movimiento bastante arraigado en el conocimiento general de las sociedades urbanizadas y desarrolladas, principalmente de Occidente. Esto, obviamente, no significa que esté obteniendo su eficacia buscada en todas las partes del mundo, sino que probablemente el usuario que esté leyendo esto ahora mismo tiene algún mínimo conocimiento de lo que la palabra arrastra y concibe consigo.

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Considero propicio aludir a su definición oficial a partir de la cual todos estamos habilitados a sacar nuestras propias conclusiones.

Feminismo: <<conjunto heterogéneo de movimientos políticos, culturales y económicos que tienen como objetivo la reivindicación de los derechos femeninos, así como cuestionar la dominación y la violencia de los varones sobre las mujeres y la asignación de roles sociales según el género>>.

Como muchos lo habrán notado posiblemente, ésta definición ha sido extraída de Wikipedia, ya que la he considerado bastante apropiada.

Etimológicamente, es un neologismo francés formado a finales del siglo XIX, a partir del cual fue acuñada y utilizada en varios escritos, siendo oficialmente acogida en el diccionario de la lengua española en 1914. En ese entonces, era definido como “Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados ante a los varones”. Más tarde, en 1992 es reemplazada por “Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los varones”.

En los últimos tiempos, el feminismo ha sido terreno de diversos debates y conflictos, creando bandos bien definidos y otros no tantos acerca del porqué el feminismo debe seguir siendo aplicado o sobre porqué no. Grupos que defienden el derecho de la mujer y continúan sosteniendo la supuesta supremacía del hombre, mientras que en la otra cara de la moneda nos encontramos con los mismos colectivos invirtiendo los géneros (hombre y mujer) que su lucha propone y significa. Con esto me refiero, a que ha quedado muy claro, especialmente en Internet, el nuevo cariz asumido por la actual ola del feminismo. Podremos hallar argumentos de lo más críticos e intermedios posibles hasta aquellos extremistas donde hombres y mujeres dirán que el feminismo es una farsa y un antónimo de la igualdad. Donde dirán que las antiguas olas tienen su debida justificación dejando en menester a la tercera. O que en los tiempos actuales ya no necesitamos del feminismo. Que se ha convertido en la forma femenina del machismo para lograr la hegemonía de la mujer, como una especia de venganza histórica. También, y uno de los argumentos que más me ha movido personalmente, en aspectos intelectuales, es aquel que sostiene que el feminismo se ha encargado, implícita o explícitamente, a ocultar o quitar la atención sobre las necesidades del hombre y los conflictos o injusticias que lo aquejan, los cuales pueden ser de igual índole al de las mujeres.

Uno de los aspectos más notables cuando podemos leer o escuchar estas defensas en pos o no del feminismo es el uso de cifras. Sí, cifras sacadas a partir de estudios de diversos campos, a partir de encuestas, observaciones, publicaciones, etc. Obviamente, cuando alguien se encarga de defender su postura va a elegir los datos más favorables para aumentar la propia credibilidad. No es algo nuevo o extraño. Lo incongruente, si se me permite denominarlo así, es el uso de dichas cifras y las frases denominadoras generales del tema expuesto. ¿A qué me refiero con esto? He leído varios de estos textos donde he notado que sin importar la postura adoptada, se defiende la premisa “La igualdad es tanto para el hombre como para la mujer” seguido por cifras que o bien, podrán al hombre en un lugar de víctima de casos reales, o viceversa. La cuestión es que, suponiendo que todos los estudios citados sean ciertos o no, podríamos decir que las cifras son verídicas en ambos casos, pero la manipulación de presentación permite que alguno de los dos sexos siempre quede en desventaja. Aclaro que no estoy defendiendo a ningún sexo ni afirmando que exponer cifras es de manipulador y mentiroso. Sino que apunto al empleo ventajoso que puede realizarse con ello.

Por supuesto, también he hallado escritos y demás publicaciones donde esta exposición es de lo más imparcial posible. Hombres y mujeres están en igual condición de desventajas dependiendo de muchos factores como la cultura, la ubicación, propios rasgos de personalidad, personas del entorno, etc.

Dicho esto, espero haber dejado claro que no apunto a ningún objetivo sexista o denigrante o inclusive desigualitario. Reconozco que hablar del feminismo, como he dado a entender con mi introducción, es un tema delicado y controvertido de diversas opiniones y cuestiones. No olvidemos que muchas veces nuestras creencias y principios pueden y deben ser cuestionadas, y muchos de esos huecos han de poder replantarnos lo que solíamos creer y defender.el-feminismo-busca-la-igualdad-entre-ambos-sexos

Otro obstáculo que he observado en susodichos debates es la falta de información. Todos los días y sin necesidad de un futuro en el tema, tenemos material de sobra para hablar al respecto. Ya de por sí, me he propasado escribiendo y ni he llegado a citar algo oficialmente más allá de mis propias aclaraciones. Para hablar del feminismo debidamente sobra decir que un libro sería lo bastante apropiado, como mínimo. Varios eruditos ya han escrito al respecto y siguen haciéndolo. Por lo tanto, resulta muy sencillo pasar por alto algún material de interés para dicho movimiento, lo que nos vuelve a todos proclives a caer en desacuerdo con alguien. ¿Por qué aclaro tanto esto? Porque en todos los portales cibernautas que vayan a encontrar algún debate o presentación al respecto es seguro que como mínimo habrá 5 personas en desacuerdo. Y no siempre el mismo es presentado con el debido respeto. Ni hablar si tenemos en cuenta el género de quien lo presenta, porque no cabe ninguna duda de que, mayormente, cuando un hombre se queja de algún posible defecto en el movimiento vaya a ser acusado de machista, y si hablamos de una mujer, traidora para con su sexo. Mi pregunta es ¿Este encare significa igualdad? Porque parece que la libertad de expresión se ve todavía muy condicionada por los rasgos físico-sexuales. Y esto es algo que puede ser tomado para comentar por cualquier bando sobre dicho tema. Ya sea machista, feminista o hembrista.

Lo cierto es que el feminismo es un movimiento que ha sido duramente golpeado y galardonado por igual. Ha sido exponencialmente tergiversado y manipulado por donde se lo mire. Porque si vemos los resultados hoy en día tenemos de todo. Beneficios y perjuicios. Todo, claro está, porque depende de las manos que usaron al movimiento. El feminismo no es una diosa ni ninguna personificación, es una herramienta de lucha para ambos géneros que, admito, se ha utilizado bastante para defender principalmente a la mujer, pero no olvidemos que ha nacido fundamentalmente en manos del sexo femenino, aun sabiendo que también han existido hombres feministas; pocos en comparación.

Porque varias mujeres hayan utilizado al feminismo como escudo y defensa en reiteradas ocasiones y que de ello haya sido fruto muchísimas falacias sobre el hombre e incluso el feminismo institucionalizado que ha dejado en desventaja al hombre frente a la ley (no siempre), no convierte a este movimiento es el sexismo de la New Age. Trataré de reelaborar lo dicho. Todos tenemos el derecho de expresar nuestra opinión, eso queda claro. Todo movimiento tiene sus defectos y fallas, y el feminismo como tal lo tuvo y lo sigue teniendo, pero no por ello se lo debe condenar en su totalidad. Si nos dedicaremos a criticar los estragos que produce hoy en día no podemos negar e ignorar que lo pretendido no ha sido cumplido en su totalidad aún. Estamos hablando de culturas y países, inclusive donde “feminismo” es una palabra que ni siquiera forma parte de su lenguaje cotidiano. Cuando vivimos en un país cuya cultura y forma de vida es relativamente civilizada, ya que crimen y horror hay en todos lados, es fácil creer que los horrores de los viejos tiempos ya no existen. Porque oír en las noticias sobre niñas que siguen sufriendo de ablación o países en guerra donde las violaciones son aún mayores, cuando oímos de la trata de personas o la prácticamente inexistencia de las mujeres en cargos importantes en países como los del Medio Oriente, sentimos que son solo eso, noticias. Porque siendo honestos, si bien muchos somos conscientes al respecto, no vivimos (en su mayoría) pensando en esto las 24 horas del día. Seguimos con nuestras vidas diarias y si vivimos en países donde el feminismo ha logrado con mayor eficacia sus logros, hablaremos desde la propia experiencia. Entonces cuando oigo a personas diciendo que el feminismo es historia vieja y que las feministas son mujeres victimarias y no viven en el ahora, pienso “¿En qué momento la mujer obtuvo el pleno poderío de todos sus derechos en todo el mundo?”. Y no por esto, significa que el hombre es el único culpable porque no todos los hombres del mundo son violentos, violadores, machistas, bestias y demás. La mujer sigue sufriendo violencia y desigualdad, es un hecho. ¿Quiénes son los culpables? ¿El hombre? Mi respuesta: no. ¿Algunos hombres, mujeres, culturas, religiones, estereotipos? Mi respuesta: Sí. No hace falta viajar a una cultura escondida a la vista para verlo. En las noticias de tu propio país oirás a diario sobre mujeres que sufren de violencia de género, esposas y novias asesinadas por celos o por acoso sexual. Y ni siquiera necesitamos de la violencia activa para nombrarlo. El hecho de que día a día veamos modelos semidesnudos es violencia de por sí. Tanto hombres como mujeres sufren el ideal del físico que debe ocupar determinadas medidas y proporciones, incluyendo ciertos estándares de belleza como la depilación. Sin embargo, este punto es fácilmente discutible porque si hablamos de la vida cotidiana o de las cifras en trastornos alimenticios podríamos afirmar que la mujer sufre mayor presión.312564_295199613841362_205876559440335_1103642_1163515827_n

 

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